Contact Us About us FAQ Información para menores Información para padres Privacy Terms Invite a friend
News
Un siglo sin Tolstoi
22-11-10 08:34

El escritor ruso fue el autor de grandes novelas como Ana Karenina y Guerra y Paz

El 22 de diciembre de 1858 una osa mordió a León Tolstoi en la cara. Más allá del escalofriante suceso (¡qué cerca estuvo el mejor cerebro de la literatura de hibernar en el estómago de un oso pardo!), llama la atención la poca importancia que el joven Tolstoi concede en su diario a este insólito episodio, que aconteció durante una cacería en la región de Vyshni Volochok.

"Fui a cazar osos, el día 21 maté uno; el 22 otro me mordió". Ya está. Y lo dice como de pasada, como quien consigna la picadura de un mosquito en la nariz. Uno tiene la sensación de que sólo el ataque sorpresa de una manada de morsas habría animado al joven escritor a consignar al menos un par de párrafos en su diario. En el resto del diario no hay rastro del plantígrado, más perdido que Mitrofán en una destilería.

El 1 de enero de 1859 Tolstoi, de cuya muerte se cumplieron cien años el sábado y que por entonces contaba 30, apunta en su diario: "Todavía me duele la cabeza", y en una nota al pie el traductor sugiere que el origen de la cefalea se debe a la citada mordedura de la osa; pero ¿sería ese realmente ese es el motivo? Lo dudo. Probablemente fuera una herida más profunda, un zarpazo en el alma, lo que le comía la cabeza y no la osa (por entonces Tolstoi andaba enredado con una campesina de Yasnaia Poliana).

Valle Inclán solía contar que el brazo que le faltaba se lo había comido un león cuando en realidad le fue amputado tras una pelea de café. Si llega a atacarle la osa de Tolstoi (o la osa del madroño al menos), el gallego genial habría escrito una trilogía ilustrada. Sin embargo, Tolstoi se limitó a consignar la mordedura de la osa con la misma emoción que un dolor de muelas.

El escritor ruso acumuló vivencias épicas (combatió en el Cáucaso y en Sebastopol) pero su vida interior bulló aún con más fuerza. Como buen ruso, Tolstoi se comía la vida a mordiscos (igual que la osa) pero a la vez gustaba de comerse la olla. Tolstoi fue un hombre de vitalidad carnívora y alma rumiante. Vivía con los pies en la tierra pero a la vez en las nubes, cazando preferiblemente las Osas del firmamento. Era mitad acción, mitad cavilación. Sobre todo a partir de los años 70 del siglo XIX, cuando escribe 'Anna Karenina' donde el coprotagonista de la novela, Konstantin Levin, se convierte en su alter ego mientras busca a Dios ras de suelo, convencido de que el bien moral sólo puede echar raíces en el campo, alejado de las tentaciones urbanas entre sus ocho mil manzanos que tenía plantados en aqiel paraíso terrenal de Yasnaia Poliana. "No todos somos iguales, Konstantin Dimitrich. Hay unos que no viven más que para llenar la panza, y otros que piensan en Dios y en su alma", le espeta un campesino a Levin, revelándole con el ello el sentido de la vida que llevaba buscando durante más de novecientas páginas.

Cuando le mordió la osa en la cara, Tolstoi aún no se había convertido en el monstruo literario que llegaría a ser en unos años, y que cerró el final de su biografía con un rugido más elocuente que el felino de la Goldywn Mayer: "En el mundo hay tantos Leones, y ustedes sólo piensan en un León". Eso fue lo que le dijo en su lecho de muerte a su médico eslovaco de cabecera, Dusan Makovitski, en la habitación del jefe de la estación ferroviaria del poblado de Astapovo donde Rusia recuerda a su autor más universal en el centenario de su muerte. Hoy arranca el siglo II después de Tolstoi.

Hace cien años los corresponsales se subían como macacos a los árboles de Yasnaia Poliana para ver por última vez al 'Rey León' de las letras. Ni cortos ni perezosos (aunque colgados de la ramas parecían ciertamente perezosos) los periodistas se encaramaban a los pinos y abedules para ver, anotar, fotografiar e inmortalizar el entierro multitudinario del genio inmortal en el claro azul de Yasnaia Poliana (llamado así por el color de las flores nomeolvides), en la región de Tula, a 200 kilómetros de Moscú.

La foto que refleja aquel periodismo arborícola se conserva aún hoy en la casa del jefe de estación de Astapovo, donde hace un siglo murió Tolstoi aquejado por pulmonía tras huir desesperado de su casa de Yasnaia Poliana, epicentro de su universo natal, matrionial y narrativo.

La multitud que arropó su cadáver durante su traslado en tren desde Astapovo a Yasnaia Poliana (130 kilómetros), se arracimó en torno a su tumba, un sencillo túmulo en el claro del bosque donde Tolstoi jugaba de pequeño a buscar la ramita verde que contenía el secreto de la felicidad.

"Que me entierren [...] como se entierra a los pobres. Que no se coloquen flores ni coronas, ni se pronuncien discursos. Que no se publique la noticia de mi muerte en la prensa y que no se escriban artículos necrológicos", escribió Tolstoi en su diario. Pedía demasiado el genio de la literatura.

Era noviembre pero incluso la nieve caía tímida, como no atreviéndose a dibujar epitafios sobre la sencilla tumba del autor de 'Guerra y Paz'. La muerte de Tolstoi por pulmonía doble dejó fría a Rusia en el umbral de aquel invierno de 1910.

(leer el artículo completo)

Copyright © 2012 Your Company.
Web del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Ventana Nueva.