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Cientos de seguidores de la serie acampan en el centro de Londres para ver el estreno

Todo empezó hace 21 años, cuando la autora JK Rowling empezó a esbozar mentalmente las aventuras de unos magos de internado inglés en un viaje en tren de Manchester a Londres. Cuando publicó la primera novela hace ahora 14 años, «Harry Potter y la piedra filosofal», la industria cinematográfica británica languidecía en los últimos estertores de los gobiernos conservadores, antes de la era Blair. Desde entonces, siete libros y ocho películas -la última de las cuales se estrena el 15 de julio en todo el mundo- han revolucionado la cultura de masas de las islas.
Ayer, los actores Emma Watson «Hermione» y el pelirrojo Rupert «Ron» Grint, los fieles escuderos de Harry Potter desde que, hace ahora diez años, compartieran reparto en el primero de los filmes de la saga, explicaron sus sensaciones al poner fin a unos personajes junto a los que han crecido a lo largo de toda una década, mientras niños -y adultos- de todo el mundo compraban hasta 450 millones de libros escritos por Rowling.
En pantalla gigante
«Es muy difícil de procesar», dijo Watson, mientras cientos de seguidores de la monumental historia sobre la lucha de la magia blanca contra la magia negra ocupaban los aledaños de Trafalgar Square, donde hoy podrán ver en pantalla gigante el punto final cinematográfico con el estreno mundial de «Harry Potter y las reliquias de la muerte, parte 2».
La misma ciudad que los tres protagonistas principales sobrevuelan a lomos de un dragón blanco en la película que pone fin a la saga. El actor que da vida al mago protagonista, Daniel Radcliffe, no pudo estar ayer porque lidera estos días una obra en Broadway. Radcliffe desarrolla así una carrera artística que ha reconducido después de una etapa pasada por el alcohol, con solo 18 años, mientras rodaban «Harry Potter y el misterio del Príncipe».
«No puedo recordar ningún momento en el que no estuviera a la espera de un nuevo libro o una nueva película», explicaba ayer Lucy Nee, de 18 años, resumiendo un fenómeno literario juvenil que algunos comparan a las colas de niños y adolescentes que se formaban en los muelles de Nueva York a la espera de nuevas aventuras de «David Copperfield».
La última escena
La película ha sido dirigida por David Yates, responsable de varios filmes de «Harry Potter», y producido por el mismo equipo, Rowling incluida, que se inició con «Harry Potter y la piedra filosofal». Desde entonces, los magos y las curiosas criaturas que les rodean en el colegio Hogwarts para aprendices de brujería han dado trabajo a miles de personas en la industria del cine británica, que adora una saga que, por contrato e imposición de su autora, es «Made in the UK» 100%.
«Se parece a la estación de Kings Cross, solo que más limpia», dice el joven mago en una de las escenas finales clave de la octava y última película, en la que por fin se conocerá el desenlace del duelo final del niño elegido contra Lord Voldemort, interpretado por un inquietante -y a veces cómico- Ralph Fiennes sin nariz.
La última escena es probable que dé pie a debates en ambientes colegiales y tabernarios -de elfos y hadas- sobre la posible continuidad de la saga. Pero «hasta aquí hemos llegado» es lo que afirman sus responsables.
Rowling ha anunciado el lanzamiento en octubre de «Pottermore», una web donde la primera escritora en haber logrado 1.000 millones de libras en ingresos por su pluma aspira a dar una larga vida a «Harry Potter» como personaje inmortal de la librería digital que lleva su nombre. Para esta nueva etapa, Rowling cortó su larga relación con Christopher Little, el agente que le ha acompañado en este impresionante vuelo literario a escoba alzada.
ABC



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