LA SOLIDARIDAD EN MI CIUDAD 2
La solidaridad es algo muy sencillo sobre lo que todos podemos hablar, pero que cuando llega la hora de la verdad muy poca gente lo cumple.
La solidaridad se nos acerca mucho más a nuestra cotidianidad. Comprobamos que podemos ser solidarios también con situaciones que nos rodean, como con la soledad de personas de la tercera edad que no tienen quien les ayude en las pequeñas tareas domésticas, o les haga la compra diaria si tienen falta de movilidad. No es fomentar la compasión, sino preocuparnos de esos problemas, hacerlos nuestros y, sobre todo, comprobar que sí podemos resolverlos. Esto es un gran avance: ver cómo nuestra ayuda redunda en soluciones concretas.
¿Cómo llega una persona a ser solidaria? ¿Es una reacción natural de compasión que hay que potenciar en cada persona, o existe una educación en la solidaridad? Sin lugar a dudas aprendemos a ser solidarios en nuestro entorno familiar, con el ejemplo y pautas de comportamiento que vemos en nuestros educadores. Más tarde, con la progresiva madurez de nuestra personalidad, interiorizamos el porqué de esas actuaciones y las hacemos propias. Nos abrimos a las preocupaciones y sufrimientos de los otros, comprobamos que no nos dejan indiferentes, más aún, que nos llegan a calar en lo más hondo. Esto es la fraternidad humana; está en nuestra propia naturaleza; crece y se desarrolla; no es únicamente cuestión de ternura o sensiblería
- Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero no hay que ser extremistas.



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